Los tres pilares Montessori I. El adulto conectado 1


Sois muchas las que me habéis pedido que hablara en el Blog sobre la Filosofía Montessori, y cómo podemos hacer para  aplicarla en nuestra casa. Y lo primero que me plantee cuando empecé a escribir sobre el tema fue…

¿Por dónde empiezo?

Y seguro que es la misma pregunta que os habéis hecho muchas de vosotras, si habéis decidido aplicar  esta filosofía en la crianza de vuestros hijos. Hay tanta información, tantos blogs, tantas web que hablan del tema que nos agobiamos y no sabemos por dónde coger el tema.

Pues bien, tranquila que hablaremos largo y tendido en el blog de todo esto. Y quiero hacerlo de una forma sencilla y sobre todo práctica, para que podamos aplicar esta pedagogía en nuestra casa. Porque no todas tenemos la posibilidad de llevar a nuestros hijos a una escuela Montessori.

Antes de hablar de Ambientes preparados, de los materiales adecuados para cada edad, de cómo ofrecer las diferentes experiencias de aprendizaje… es casi obligatorio, conocer las bases teóricas de esta filosofía. Porque además últimamente detecto que hay muchas prácticas que se atribuyen a esta pedagogía y no tienen nada que ver con lo que María Montessori propuso. Por eso considero fundamental este punto de partida para conocer esta filosofía.

Montessori, una filosofía de vida

Hay quien habla de método Montessori, personalmente, más que método, me gusta hablar de pedagogía o simplemente de filosofía. Porque más allá de materiales de aprendizajes, o de ambientes especialmente dispuestos para los niños. Es una filosofía de vida, una forma de entender a la infancia y de relacionarte con ella, fundamentada en el respeto hacia los niños, en la confianza, en la confianza, el amor, la libertad, la paz…

Su precursora fue María Montessori, una pedagoga y científica italiana que vivió en una época muy convulsa y de muchos conflictos. Tenía el firme convencimiento de que la educación para la paz era la única forma de cambiar el mundo, es por ello que ideó un método educativo tras sus observaciones a los niños, que más tarde difundió por todo el mundo.

Hay tres pilares fundamentales en los que se basaba su filosofía:

1.El niño

2. El ambiente preparado

3.El adulto conectado

Un pilar fundamental de la Pedagogía Montessori es el ambiente preparado adaptado a las necesidades del niño, clave para su desarrollo emocional, intelectual y social. Los diferentes materiales que les ofrecemos, son las herramientas que le facilitarán ese aprendizaje. Por otro lado, el niño es el protagonista de su propio proceso de aprendizaje. Conocer sus periodos sensibles, la etapa evolutiva en la que se encuentra, observar sus ritmos, sus intereses, es fundamental en esta pedagogía…Pero lo que sustentan y da sentido a todo esto es el Adulto Conectado que acompaña al niño.

Hablaremos más profundamente de todos los pilares, pero hoy me quería centrar especialmente en el Adulto conectado, porque creo que es la base de todo y sin la cual todo este legado que María Montessori nos dejó, pierde sus sentido. De nada sirve un ambiente preparado si nuestra forma de relacionarnos con el niño es a través de castigos, gritos, si no respetamos sus ritmos o necesidades. Si pensamos que nos chantajean o son malos por naturaleza.

El adulto Conectado

Antes de plantearnos llevar esta filosofía a nuestra casa, hemos de mirarnos a nosotros mismos. Hacer un ejercicio reflexivo de la visión que tenemos hacia la infancia y de cómo nos relacionamos con ella.

Es importante que antes de empezar con esta pedagogía nos liberemos de las mochilas que arrastramos de nuestra propia infancia. Nos despojemos de métodos educativos basados en el autoritarismo, en el se hace porque lo mando yo, porque soy el adulto, y soy quien tiene la verdad absoluta. Hay que interiorizar que los niños no son seres inferiores a nosotros. Son personas con plenos derechos que hay que respetar del mismo modo que nos gusta que nos respeten a nosotros.

Es necesario ver al niño como un ser en desarrollo, que está aprendiendo y que nos observa a cada rato, de ahí la importancia del ejemplo que le transmitimos cada día. Olvidarnos de los castigos, premios, chantajes… como formas de  válidas de acompañar a nuestros hijos. Mucho mejor hacerlo desde la empatía, la comunicación, el amor, la igualdad, la humildad…

Hemos de asumir que nuestros papel de adulto es el de ser meros acompañantes. Me gusta poner el ejemplo del niño como una plantita, en constante desarrollo y evolución, sensible, a la que hay que tratar con especial cuidado. Nosotros como adulto, hemos de facilitarle su crecimiento, creando el ambiente necesario para que lo haga, pero teniendo en cuenta que no podemos crecer por ella, que solo podemos estar ahí a su lado sin entorpecer su desarrollo.

Antes de poner en marcha este método, hemos de conocer al niño, el periodo evolutivo en el que se encuentra, sus periodos sensibles. Respetando sus ritmos, adaptándonos a las necesidades de cada etapa. Hacer un ejercicio de observación, para ofrecerles lo que necesitan en cada momento. Respetando profundamente sus características y su personalidad.

Creo que esta es la base de esta filosofía educativa, y una vez hayamos interiorizado esto y hayamos reflexionado sobre ello, estaremos en disposición de acompañar a los niños en su desarrollo y ayudarles así al despliegue de todo su potencial, mediante un ambiente adaptado a sus necesidades.

En definitiva, hoy me gustaría que os quedarais con un idea y es que para acompañar a nuestros niños, no hace faltan materiales caros, ni ambientes preparados dignos de Intagram. Lo que verdaderamente hace falta es mirarnos a nosotros mismos y reflexionar sobre nuestra actitud e ideas con respeto a la infancia, para dar lo mejor de nosotros mismos. 

Gracias por tu valioso tiempo

Ana Isa <3

 


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Una idea sobre “Los tres pilares Montessori I. El adulto conectado

  • Raquel

    Gracias por tu entrada. Creo que tiene razón, nos centramos en los materiales y antes de eso está la relación con el adulto.
    Antes, en sentido temporal porque un bebé (cuando empieza a relacionarse con el exterior) lo hace con su figura de apego y sólo después con el entorno.
    Antes, en el sentido de que es la base. Para cuando el bebé se va abriendo al entorno lo hace desde lo que su cuidador le ha enseñado.
    Mi bebé tiene algo más de tres meses y me fijado que cuando salimos a la calle lo observa todo con atención. Cada cierto tiempo me mira, si le sonrío me sonríe de vuelta y sigue fijándose en lo que le rodea.
    Para mi ese momento es el resumen de lo que quiero decir y lo que estoy aprendiendo como madre, además de la confirmación de que estamos en el camino correcto.